‘Pronto vendrá el vampiro con su cuchillo y hará contigo
picadillo.’
Con esta tonadilla infantil comienza otra película de Fritz Lang, 'M, el vampiro de
Düsseldorf (1931)', uno de los mejores títulos que van a pasar por este blog, porque de hecho creo que es una de las mejores películas de la historia. En este caso lo de 'obra maestra' es
literal, ya que este film fue innovador en muchas cosas, argumentales y
técnicas. Por primera vez pudo experimentar Lang con el sonido, y supo
aprovecharlo bien. Lo que muchas veces se olvida es que con la llegada del
sonido también llegó el silencio. Las películas mudas no usaban los silencios,
porque sencillamente no los tenían. En esta película el silencio es
inquietante, la música es inquietante... Nuestros oídos no olvidarán facilmente
esa melodía de Peer Gynt silbada por Peter Lorre, que debutó en el cine
magistralmente.
Düsseldorf era una ciudad industrial que sufría malos
tiempos, había mucha miseria, y en aquellos años también mucha delincuencia.
Una serie de crímenes sexuales destacaron especiálmente por su crudeza. Parecía
que tras ellos había un mismo autor. Le llamaron el 'vampiro', pero se llamaba
Peter Kürten, 'el rey de las patologías sexuales'. Me parece una persona
sumamente interesante, ya hablé en una ocasión de él en mi antiguo blog, pero
mal que me pese, será mejor que le olvidemos ahora. Lang y Thea, su mujer, se
inspiraron en los crímenes de Düsseldorf para hacer el guión, pero lo
importante del film no es la indagación psicológica del asesino, sino la
histeria de la ciudad, la auténtica protagonista.
La película nos muestra todas las capas sociales, todas los
engranajes y las esquinas de una ciudad que responde a unos atroces crímenes y
busca a su chivo expiatorio. Podemos ver desde la reacción de los niños jugando
en los patios e inventando canciones macabras - me reconozco en ellos - hasta
el mundo del hampa, pasando por la policía y por las clases bajas. La ‘gente
decente’ y los de arriba presionan a la policía; La policía acosa más que nunca
a sus sospechosos habituales, hay más redadas y detenciones, la ciudad es una
neurosis colectiva. Los representantes del hampa, desde sus oscuros escondrijos
planean encontrar al asesino ellos mismos. Vemos muchas caras, muchas vidas e
intereses; no hay buenos ni malos, hay gente.
El acoso y persecución que sufre Peter Lorre es tremendo, y está lleno de escenas magistrales. Finalmente el asesino es atrapado por la chusma. Lo quieren
linchar y asesinar brutálmente, desean descargar toda su bilis contra él. 'El
asesino entre nosotros' iba a ser el controvertido título del film. ¿Quién
es el asesino? Al final es una víctima, un bicho pequeño al que se quiere
aplastar. Magnífico su discurso final. ¿Por qué una M? 'M' es la primera letra de
Morder – ‘asesino’ en alemán -, pero también es la letra que parece verse en
casi todas las palmas de las manos. M es la marca que podemos tener cualquiera.
Todos podemos ser señalados.
Pero ya seguiré hablando de los problemas de Fritz Lang la próxima vez. Si no habéis visto 'M', vedla y haceros un favor. Y si la habéis visto, siempre podréis verla otra vez. Os dejo la primera escena, para que abráis boca:













